Los icónicos picos de nieve de África oriental, el Monte Kenia, el Monte Kilimanjaro y las montañas Rwenzori, desaparecerán por completo en los próximos años, según el informe del Estado del Clima en África 2025. El informe destaca que los glaciares en estos picos han disminuido dramáticamente, con la cubierta de hielo del Monte Kenia disminuyendo en un 96% en los últimos 115 años. Los científicos estiman que los glaciares ya no existirán en tres a cinco años, lo que marca un cambio profundo en la dinámica del paisaje y el clima de la región. Los glaciares en estos picos han sufrido un retroceso constante, con datos recientes que muestran una pérdida del 40% al 60% de su área total en solo una década.
Esta rápida desaparición contrasta fuertemente con las fluctuaciones históricas, que fueron influenciadas por variaciones en los patrones climáticos regionales, como períodos más húmedos o más secos. Si bien los glaciares en estas montañas pueden haber existido durante miles de años, la tasa actual de pérdida es mucho más allá de lo que podría explicarse solo por los ciclos naturales. Los investigadores atribuyen esta fusión acelerada principalmente a la disminución de las nevadas, lo que ha debilitado la capacidad de los glaciares para mantenerse.
Su función principal no es alimentar los ríos o proporcionar un suministro de agua constante, como se creía anteriormente. En cambio, gran parte del hielo desaparece a través de la sublimación, un proceso en el que el hielo se convierte directamente en vapor sin pasar por la forma líquida. Esto es especialmente común en los entornos áridos de gran altitud de África Oriental, donde el aire es seco y las temperaturas fluctúan ampliamente. El volumen de agua almacenada en estos glaciares es mínimo en comparación con otras partes del mundo.
Incluso si todo ese hielo se derritiera a la vez, el volumen resultante sería equivalente a una lluvia de un solo día en la montaña. Por lo tanto, mientras que los glaciares contribuyen a los ecosistemas locales, juegan un papel insignificante en el ciclo hidrológico más amplio de la región. Las verdaderas torres de agua de África Oriental son sus bosques, que sirven como depósitos críticos para las comunidades circundantes.
Como explican los investigadores, los glaciares funcionan como "máquinas que traducen el clima en clima", lo que permite a los científicos reconstruir las tendencias climáticas a largo plazo basadas en la composición y estructura del hielo. Estos glaciares, ubicados en la troposfera media, ofrecen una visión única de las condiciones atmosféricas a altitudes típicamente difíciles de medir directamente. Esto los hace invaluables para comprender los patrones climáticos globales y predecir cambios futuros.
Las variaciones en la distribución del calor oceánico influyen en el movimiento de las masas de aire húmedo, afectando los niveles de precipitación en las montañas. Durante el siglo pasado, estos patrones han cambiado, lo que ha reducido las nevadas y acelerado la retirada de los glaciares. La comprensión de estas conexiones es crucial para desarrollar estrategias para mitigar los impactos del cambio climático tanto en el medio ambiente como en las poblaciones humanas que dependen de los recursos naturales de la región. A medida que los glaciares continúan reduciéndose, las implicaciones se extienden más allá de las preocupaciones ambientales. Las comunidades locales que dependen de la tierra para la agricultura, el turismo y el patrimonio cultural enfrentan desafíos crecientes.
La pérdida de estos monumentos icónicos también representa una erosión simbólica de la identidad y la historia. Los científicos advierten que sin una acción urgente para abordar las causas subyacentes del cambio climático, los últimos días de los glaciares del este de África pueden llegar antes de lo previsto.
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