Los ríos Danubio y Drava han registrado niveles de agua históricamente bajos, con el Danubio rompiendo un récord de un siglo. Según Zoran Đuroković, director de Hrvatskih voda, la situación es grave, con condiciones de sequía prolongadas que conducen a una reducción significativa de los flujos fluviales. En Batin, el nivel de agua del Danubio ha alcanzado -142 centímetros, estableciendo un nuevo récord desde 1909. El río Drava también ha experimentado mínimos extremos, cayendo a -192 centímetros, muy por debajo de su récord anterior de -172 centímetros. Estas caídas sin precedentes han generado preocupaciones entre los expertos ambientales, que advierten que las altas temperaturas del agua están estresando aún más los ecosistemas acuáticos a lo largo de ambos ríos.
La sequía actual ha llevado a un uso restringido del agua en grandes áreas de las orillas de los ríos y las islas, con muchas fuentes y embalses que experimentan agotamiento. El acceso limitado al agua potable ha provocado llamados a un consumo más cauteloso, particularmente en regiones como el área del Karst y las cuencas fluviales costeras y dálmatas, donde la disponibilidad de agua se ha vuelto críticamente baja. A pesar de estos desafíos, Đuroković confirmó que el suministro de agua potable permanece estable por ahora, aunque la presión sobre los sistemas de agua continúa aumentando.
En la región de Lika, las condiciones se mantienen relativamente estables, aunque la ausencia de nieve ha reducido una de las fuentes clave de almacenamiento de agua en invierno. Esta pérdida ha tenido efectos visibles en el suministro de agua local, afectando tanto a los residentes como a las actividades agrícolas. Đuroković enfatizó que se están realizando esfuerzos para garantizar la disponibilidad de agua suficiente tanto para las comunidades como para la agricultura, pero las consecuencias de la sequía en curso ya son evidentes. También se han planteado preocupaciones sobre el impacto potencial de la sequía prolongada en la producción de energía hidroeléctrica.
Sin embargo, los funcionarios han declarado que se están tomando medidas para equilibrar la producción de energía con los requisitos ecológicos, asegurando que se mantengan las tasas de flujo mínimas para proteger los ecosistemas fluviales. La cooperación con los productores hidroeléctricos está en curso para determinar la cantidad de agua que se puede utilizar de manera segura para la generación de energía sin comprometer la salud ambiental. A pesar de la gravedad de la crisis actual, actualmente no hay indicios de escasez generalizada de agua en todo el país.
Los funcionarios han reforzado las capacidades de monitoreo y desplegado equipos de gestión del agua en las áreas afectadas para evaluar y responder a los problemas emergentes. Sin embargo, las perspectivas siguen siendo inciertas, sin signos de mejora en el corto plazo. Los expertos advierten que la situación podría empeorar a menos que se produzcan precipitaciones sustanciales pronto. Un aumento significativo y sostenido de la precipitación sería necesario para comenzar a restaurar las reservas de agua superficial y subterránea. Sin dicho alivio, se pueden establecer nuevos registros de bajos niveles de agua, lo que exacerbaría la tensión tanto en los sistemas humanos como en los naturales.
Hasta entonces, se seguirán instando a los esfuerzos de conservación, especialmente de las industrias y los hogares responsables del tratamiento de las aguas residuales, que deben operar con mayor cuidado para evitar la contaminación de los arroyos y ríos más pequeños.Se ha repetido el llamado a la vigilancia y la responsabilidad, haciendo hincapié en la necesidad de una acción colectiva para salvaguardar tanto los recursos hídricos como el medio ambiente.
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