Un nuevo estudio ha arrojado luz sobre la compleja ciencia detrás del kiiking, un deporte extremo estonio inventado hace exactamente 30 años. La investigación, realizada por físicos y matemáticos de la Universidad de Harvard, explora cómo los atletas logran realizar una rotación completa mientras están de pie en una larga barra de metal unida a un columpio. Este deporte, que se ha convertido en una especie de obsesión nacional en Estonia, implica acelerar el columpio con su propia fuerza hasta que se logre una rotación completa. El objetivo del kiiking es simple y exigente: los atletas deben usar sus movimientos corporales para generar suficiente impulso en un columpio de hasta ocho metros de largo para ejecutar una rotación completa alrededor del punto de pivote.
En Estonia, el kiiking es una actividad que se desarrolla en el interior de un circo, a una altura de aproximadamente 43 metros, lo que significa que el atleta alcanza una altura de aproximadamente 14 metros durante la rotación. Para los forasteros, esta actividad parece ser una extraña mezcla de acrobacias de circo y locura, sin embargo, dentro de Estonia, se ha convertido en un fenómeno de culto. Investigadores como Petur Bryde, Ian Davenport y L. Mahadevan analizaron el kiiking utilizando modelos matemáticos y métodos de teoría de control. Sus hallazgos, publicados recientemente en el Journal of Nonlinear Science, se extienden más allá de la mecánica del swing para tocar temas fundamentales en física, neurociencia, robótica e investigación del movimiento.
El movimiento parece sencillo a primera vista, los atletas se paran y se agachan a tiempo con el ritmo del swing, pero debajo de esta aparente simplicidad se esconde una notable complejidad. Según L. Mahadevan, profesor de matemáticas aplicadas y física en la Universidad de Harvard, el atleta no impone movimiento al mundo, sino que aprende a trabajar con su dinámica. Esta visión desafía las opiniones científicas tradicionales que asumieron que el cerebro calcula los movimientos y el cuerpo los ejecuta como una computadora que envía comandos a una máquina. En cambio, la teoría emergente de la cognición incorporada sugiere que el comportamiento inteligente surge de la interacción de la mente, el cuerpo y el medio ambiente.
El kiiking proporciona un ejemplo casi ideal de este concepto. Los investigadores demostraron matemáticamente que la estrategia óptima se alinea con un enfoque intuitivo que muchas personas aprenden cuando son niños en los columpios del patio de recreo. En el punto más bajo del arco, cuando el columpio alcanza la velocidad máxima, el atleta debe estar erguido. Cerca de los puntos de giro, donde el movimiento se ralentiza, deben agacharse nuevamente. Estos movimientos alteran la longitud efectiva del péndulo, lo que permite que la energía se introduzca eficientemente en el sistema. Aquellos que aplican fuerza demasiado temprano o demasiado tarde desperdician gran parte de su esfuerzo.
Lo que parece desde fuera como un simple movimiento rítmico es en realidad la solución elegante a un complejo problema de control. El estudio destaca cómo la intuición física puede estar profundamente arraigada en nuestra comprensión de los sistemas dinámicos. También subraya las aplicaciones potenciales de tales ideas en campos como la robótica, donde el movimiento eficiente y el uso de energía son cruciales. En Estonia, el kiiking ha evolucionado a más que un simple deporte, representa una identidad cultural única. La creciente popularidad del deporte ha llevado a campeonatos en interiores, como el evento de 2024 en Pärnu, donde los atletas demuestran sus habilidades en entornos controlados.
La combinación de destreza física, disciplina mental y curiosidad científica que rodea al kiiking ilustra cómo las actividades humanas pueden servir como fuentes ricas de conocimiento en múltiples disciplinas. A medida que continúa la investigación, los científicos esperan explorar aún más las implicaciones de estos hallazgos. Su objetivo es comprender mejor cómo los humanos interactúan con sistemas dinámicos y cómo tales interacciones podrían informar los avances en tecnología y medicina. Mientras tanto, en Estonia, el deporte sigue siendo un símbolo de orgullo nacional y un testimonio de la intrincada relación entre el ingenio humano y las leyes de la naturaleza.
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