Las empresas estadounidenses están tratando la ansiedad como un problema que hay que resolver en lugar de una señal que hay que entender, según un creciente cuerpo de investigación y evidencia anecdótica. Las empresas ofrecen cada vez más aplicaciones de meditación, días de salud mental y programas de asistencia a los empleados para abordar el estrés. Si bien estas herramientas pueden ser beneficiosas, a menudo refuerzan la idea de que la ansiedad es un obstáculo para el rendimiento y debe eliminarse. Este enfoque no reconoce que la ansiedad puede desempeñar un papel constructivo en el lugar de trabajo.
Cuando se le preguntó qué le vino a la mente al escuchar a un empleado describirse como ansioso, la CEO expresó su incomodidad inmediata. Enumeró varias preocupaciones: la posibilidad de necesitar adaptaciones en el lugar de trabajo, el aumento de los costos de los beneficios y la posible exposición legal. Sus gerentes, señaló, habían sido instruidos para no investigar profundamente los problemas relacionados con la ansiedad. En su lugar, se les dijo que documentaran las interacciones, remitieran a los empleados a los servicios de apoyo y evitaran declaraciones que pudieran presentar más riesgos. Si bien tales precauciones pueden ser legalmente sólidas, revelan un problema más profundo.
Al enmarcar la ansiedad como una amenaza en lugar de una señal, la cultura corporativa desalienta inadvertidamente el diálogo abierto sobre los estados emocionales. Esta dinámica crea un ciclo de auto-refuerzo: los empleados dudan en reconocer la ansiedad debido al temor de ser percibidos como enfermos o incapaces. Los gerentes, con cuidado de cometer errores, evitan las discusiones sobre las emociones, lo que lleva a una pérdida de información crítica y una disminución de la seguridad psicológica. Con el tiempo, este entorno puede sofocar la productividad y aumentar las tensiones interpersonales. "En contextos clínicos, los trastornos de ansiedad se caracterizan por síntomas persistentes, excesivos y perjudiciales que afectan el funcionamiento diario.
Estas condiciones requieren intervención y apoyo profesional. Sin embargo, la mayoría de los casos de ansiedad que se encuentran en el lugar de trabajo no son trastornos en absoluto. Más bien, representan una respuesta común y adaptativa a la incertidumbre, ya sea que implique desafíos futuros, decisiones de alto riesgo o períodos de transición. Tal ansiedad, aunque incómoda, no es inherentemente disfuncional. Esta distinción a menudo se pasa por alto en entornos corporativos. Así como diferenciamos entre la depresión, una condición clínica, y la tristeza, una reacción normal, también debemos reconocer la diferencia entre la ansiedad clínica y la ansiedad ordinaria.
Sin embargo, en la práctica, el lenguaje utilizado en los lugares de trabajo con frecuencia confunde estas experiencias. El resultado es una cultura que patologiza las respuestas emocionales normales, reforzando la noción de que la ansiedad es algo que debe ser manejado o erradicado. Al tratar la ansiedad como un problema en lugar de una señal, las empresas pierden oportunidades para aprovechar su potencial. Cuando los individuos aprenden a interpretar y usar su ansiedad de manera efectiva, pueden mejorar tanto su bienestar personal como su producción profesional. Este cambio requiere un cambio fundamental en la forma en que las organizaciones ven la salud emocional.
En lugar de tratar de eliminar la ansiedad, los líderes deben centrarse en ayudar a los empleados a entender y aprovechar sus sentimientos de ansiedad como una herramienta para el crecimiento y la claridad. Para comenzar esta transformación, las empresas pueden tomar varias medidas prácticas. En primer lugar, deben alentar a los empleados a ver la ansiedad como una forma de información. Cuando alguien se siente ansioso, en lugar de descartar o suprimir la emoción, deben explorar qué es exactamente lo que causa la preocupación. ¿Hay un riesgo de ser pasado por alto? ¿Qué sugiere la ansiedad está en juego? Este proceso puede conducir a una mejor preparación, un enfoque más agudo y una mayor conciencia de los posibles puntos ciegos.
En segundo lugar, las organizaciones deben fomentar un entorno en el que se fomente el compartir la ansiedad. Los lugares de trabajo no deben convertirse en terapia de grupo, sino que deben permitir el espacio para la comunicación honesta. La apertura sobre los estados emocionales puede generar confianza y fortalecer la dinámica del equipo. Finalmente, el liderazgo debe modelar este comportamiento, demostrando que la ansiedad es una parte natural de la experiencia humana y que puede ser un catalizador para la acción positiva.
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