El artículo de Joaquín Urías critica al poder judicial español, argumentando que opera fuera de las normas democráticas y funciona más como un órgano de gobierno que como un árbitro imparcial. Urías sostiene que los jueces, particularmente aquellos en posiciones de liderazgo, no obtienen su autoridad de elecciones democráticas sino más bien a través de trayectorias profesionales opacas y promociones internas. Esta falta de legitimidad democrática, combinada con la creciente influencia del poder judicial en temas políticamente sensibles como la inmigración y los conflictos territoriales, plantea preocupaciones sobre su papel en el gobierno. La pieza destaca fallas estructurales dentro del sistema judicial de España, incluido el Consejo General del Poder Judicial dominado por intereses partidistas y la erosión de la responsabilidad democrática.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el poder judicial como una institución antidemocrática que ejerce un poder político indebido, alineándose con las críticas izquierdistas al elitismo institucional y pidiendo una mayor supervisión democrática.



