Matthew Myerscough, un ingeniero civil de 40 años de edad de Gales, se topó con lo que podría ser el primer fósil de plesiosaurio romaleosaurio conocido en la región mientras caminaba por la playa cerca de Lavernock, cerca de Penarth en el sur de Gales. El descubrimiento se produjo inesperadamente durante una de sus caminatas rutinarias, donde a menudo busca fósiles a pesar de afirmar que su "radar" para tales hallazgos siempre está activo, incluso cuando no está buscando activamente. Mientras pasaba por una formación de roca caliza, notó un hueso peculiar que sobresalía del suelo. Tras una inspección más cercana, se dio cuenta de que era parte de un reptil marino prehistórico, que databa de aproximadamente 201 millones de años.
Este fósil, con su mandíbula de forma única que se asemeja a un cuchillo de cocina, pertenecía a un tipo primitivo de plesiosaurio, una criatura que vagaba por los océanos junto a los dinosaurios durante el período Jurásico temprano. El hallazgo de Myerscough ha sido identificado como el primer espécimen de su tipo descubierto en Gales. Describió el momento del descubrimiento como increíble y fortuito. Inicialmente, él y dos compañeros cazadores de fósiles pasaron por el sitio sin pensarlo mucho. Sin embargo, después de reconsiderarlo, regresó para examinar el objeto con más cuidado.
El descubrimiento marca una adición significativa a la comprensión científica de la vida marina de la era jurásica. Proporciona nuevos conocimientos sobre la evolución y diversidad de los plesiosaurios, que eran grandes reptiles acuáticos que prosperaron en los antiguos mares. Las características únicas de la mandíbula sugieren que esta especie en particular podría haber tenido hábitos de alimentación especializados, posiblemente adaptados para capturar presas de rápido movimiento en aguas abiertas. El viaje de Myerscough para convertirse en un dedicado cazador de fósiles comenzó después de una experiencia desgarradora en febrero de 2014.
Recuerda la sensación de volar por el aire antes de estrellarse contra un montón de nieve, sintiéndose como si estuviera atrapado dentro de un bloque de concreto. Durante casi veinte minutos, permaneció inconsciente, apenas respirando, enterrado bajo más de un metro de nieve. Los rescatistas lo encontraron poco después, después de haber caído aproximadamente 300 metros. Aunque sufrió lesiones graves y estaba profundamente sacudido, sobrevivió al incidente con un daño físico mínimo. La recuperación del accidente tomó varios días, pero el impacto emocional persistió. Myerscough comenzó a pensar en su experiencia cercana a la muerte, atormentado por pensamientos de lo que podría haber sucedido si la avalancha hubiera golpeado de manera diferente.
Fue durante este tiempo que se dedicó a la caza de fósiles, una afición que había disfrutado desde la infancia, especialmente durante las vacaciones familiares en Whitby, Inglaterra. La búsqueda de fósiles se convirtió en una forma de terapia, lo que le permitió escapar de los pensamientos negativos y centrarse en el presente. El acto de examinar las formaciones rocosas en busca de signos sutiles de vida antigua requiere una intensa concentración. Cada descubrimiento, ya sea un cráneo masivo lleno de dientes afilados o una órbita colosal de un monstruo marino extinto, trae una sensación de asombro y emoción. Para Myerscough, estos momentos ofrecen una profunda conexión con el pasado, lo ayudan a sentirse anclado en el presente.
Su reciente libro, En busca de dragones marinos: La odisea de un cazador de fósiles, narra sus experiencias y contribuciones a la paleontología, destacando cómo su pasión por descubrir la historia ha transformado su vida personal y profesional.
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