El 27 de julio de 2026, solo dos semanas antes de asumir el cargo, el recién elegido presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció planes para cerrar catorce embajadas, incluidas cinco de las ocho misiones diplomáticas colombianas en África, las de Argelia, Etiopía, Ghana, Senegal y Sudáfrica. La medida se enmarcó como parte de un esfuerzo más amplio para racionalizar la política exterior y reducir los gastos, aunque los críticos argumentan que corre el riesgo de socavar los vínculos diplomáticos de larga data y las oportunidades económicas con el continente. La decisión se produce en medio de un cambio estratégico en las relaciones internacionales de Colombia, particularmente con respecto a su compromiso con África.
En los últimos años, bajo el liderazgo del vicepresidente Márquez Mina, Colombia desarrolló la Estrategia de África, una iniciativa integral destinada a fortalecer los vínculos políticos, económicos y culturales con las naciones africanas. Esta estrategia fue apoyada por ocho embajadas en todo el continente, incluidas las nuevas establecidas en 2024 con Marruecos y Egipto. Estas embajadas habían trabajado para construir relaciones durante más de tres décadas, fomentando la cooperación en comercio, inversión, educación y tecnología. Un momento clave en esta relación en evolución ocurrió a principios de este año durante la presidencia pro tempore de Colombia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Del 18 al 21 de marzo de 2026, Colombia acogió el Foro de Alto Nivel inaugural entre los estados miembros de la CELAC y veinte jefes de estado africanos. El foro reunió a ministros de Relaciones Exteriores, líderes empresariales, instituciones financieras como el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Banco Africano de Desarrollo (AfDB), y representantes de comunidades de desarrollo regional dentro de la Unión Africana. El evento sentó las bases para el apoyo técnico y financiero para proyectos conjuntos destinados al desarrollo mutuo. Durante el foro, las discusiones cubrieron una amplia gama de temas, incluidas la inversión y el comercio, con la participación de 152 empresas que representan a nueve países africanos.
La agenda también incluyó temas relacionados con la cooperación sur-sur en áreas como la educación, la ciencia, la agricultura y los derechos humanos. Se llegó a un consenso para continuar desarrollando un diálogo estructurado entre las regiones a través de cumbres periódicas entre la CELAC y la Unión Africana, con la CAF y los bancos africanos progresistas comprometiéndose a explorar vías de apoyo mutuo.
El continente africano posee el 4% de las tierras cultivables del planeta y el 30% de las reservas mundiales de minerales como el uranio, platino, diamantes, oro y petróleo. Además, África tiene campos de hidrocarburos emergentes que aún no se han explorado completamente, junto con extensas conexiones marítimas, aéreas y terrestres con otras partes del mundo. Según el Fondo Monetario Internacional, África está preparada para un crecimiento continuo, lo que la convierte en un socio atractivo para los países que buscan expandir su influencia y alcance económico. La administración anterior de Colombia había reconocido este potencial y buscó posicionarse como un jugador clave en la región a través de iniciativas como la Estrategia para África.
Sin embargo, el reciente anuncio de cerrar las embajadas plantea dudas sobre la continuidad de estos esfuerzos y si se mantendrán bajo el nuevo gobierno. Los críticos advierten que la reducción del número de embajadas podría obstaculizar la capacidad de Colombia para proteger a sus ciudadanos que viven en países africanos y mantener los canales de comunicación directa que se han cultivado durante muchos años. Argumentan que cortar los lazos con África en esta coyuntura podría no alinearse con los objetivos más amplios de expandir las oportunidades de comercio e inversión, especialmente dada la creciente importancia económica del continente.
La nueva administración no ha elaborado más sobre la lógica detrás de los cierres de embajadas más allá de citar la responsabilidad fiscal y la necesidad de reconfigurar las prioridades de la política exterior. A medida que se lleva a cabo la transición, los observadores están observando de cerca para ver cómo el nuevo gobierno equilibrar las restricciones presupuestarias con la importancia estratégica de mantener sólidos lazos diplomáticos y económicos con África.
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