Fulvio Ursini, profesor emérito de bioquímica en la Universidad de Padua, ha cuestionado la creencia generalizada de que los niveles altos de colesterol son inherentemente peligrosos, argumentando que tales puntos de vista se basan más en correlaciones estadísticas que en pruebas bioquímicas sólidas. En su libro Processo al colesterolo (El juicio del colesterol), coautor con Paola Arosio, Ursini presenta un examen crítico del enfoque de la comunidad médica sobre el colesterol, comparándolo con un juicio legal completo con investigación, acusaciones, defensa y juicio potencial.
Afirma que la reducción de los umbrales de riesgo de colesterol con el tiempo, una vez establecidos en 260 mg/dL hace cuarenta años, luego 250 mg/dL hace diez años, y ahora 200 mg/dL, es impulsada más por cambios culturales que por la necesidad científica. Ursini cuestiona la base de las prácticas médicas actuales con respecto al colesterol, enfatizando la diferencia entre correlación y causalidad.
De manera similar, sugiere que la presencia de colesterol en las arterias no significa necesariamente que cause bloqueos o daños. Además, distingue entre riesgo relativo y absoluto, señalando cómo la comercialización farmacéutica a menudo enfatiza la reducción del riesgo relativo. Por ejemplo, un medicamento podría afirmar que reduce el riesgo de un ataque cardíaco en un 50 por ciento, lo que suena dramático. Sin embargo, si el riesgo inicial era de dos en 100 personas, reducirlo a uno en 100 significa que el beneficio se aplica solo a una persona en 100 que toma el medicamento. Esta distinción, según Ursini, es crucial para comprender el verdadero impacto de tales tratamientos.
A pesar de estos argumentos, muchos médicos aún aconsejan a los pacientes que se preocupen por los niveles altos de colesterol. Ursini atribuye esto a una forma de paternalismo practicado tanto por los médicos como por las pautas médicas. Señala que el colesterol no es una sustancia extraña dentro del cuerpo, juega un papel esencial en la producción de vitamina D, la formación de membranas celulares y la síntesis de hormonas.
Estas partículas funcionan de manera similar a los camiones, transportando colesterol por todo el cuerpo. Se vuelven problemáticas no cuando su número aumenta, sino cuando funcionan mal, se desvían de su trayectoria prevista y se alojan en las paredes arteriales. En este punto, el cuerpo las reconoce como extrañas y potencialmente dañinas, desencadenando respuestas inflamatorias y oxidativas que podrían conducir a ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares. En cuanto al uso generalizado de estatinas, Ursini reconoce su valor en casos específicos, particularmente para individuos con hipercolesterolemia familiar, una afección genética que afecta a aproximadamente una de cada 300,000 personas.
Las estatinas son efectivas en el manejo de este trastorno raro, donde el cuerpo lucha por absorber el LDL en las células. Sin embargo, advierte contra su prescripción rutinaria para la mayoría de la población, señalando que el 85 por ciento de las personas no sufren de esta condición genética. Su crítica se extiende más allá de las preocupaciones de salud individuales, sugiriendo que la dependencia global de las estatinas puede reflejar problemas más amplios de marketing farmacéutico y la influencia de los intereses de la industria en la práctica médica. El trabajo de Ursini ha provocado un debate entre los profesionales médicos e investigadores, algunos de los cuales apoyan su llamado a una comprensión más matizada del papel del colesterol en la biología humana.
Otros argumentan que los datos estadísticos que vinculan el colesterol alto a las enfermedades cardiovasculares siguen siendo sólidos y que las medidas preventivas, incluidos los cambios en el estilo de vida y la medicación, continúan salvando vidas. A medida que evolucionan las discusiones sobre el control del colesterol, la necesidad de una investigación científica rigurosa y la transparencia en la toma de decisiones médicas se hace cada vez más evidente.
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