Li Guoyou, de 63 años, recientemente recibió su libro de hukou renovado, el registro oficial de hogares de China, en una estación de policía en Pingtan, una ciudad en la provincia suroccidental de Sichuan. Esto marcó su registro oficial de identidad en su ciudad natal después de casi tres décadas de ausencia. Li dejó su hogar a la edad de 24 años en 1987, mudándose a Guangzhou en el sur de China en busca de mejores oportunidades de trabajo. Con el tiempo, perdió gradualmente el contacto con sus dos hermanos, su única familia después de la muerte de sus padres.
En 1998, Li emigró a Harbin, la capital de la provincia de Heilongjiang en el norte de China, donde conoció a un propietario de un restaurante de autopista llamado Lin. Lin tomó a Li como empleado, proporcionándole un medio para ganarse la vida. Durante este tiempo, Li se acercó a Lin y finalmente hizo una promesa de cuidar de su casa si alguna vez necesitara viajar al extranjero. La promesa se hizo durante un período de dificultades personales para Lin, que se estaba preparando para mudarse al extranjero para recibir tratamiento médico.
Li cumplió su promesa al permanecer en la casa, manteniéndola y asegurando su mantenimiento a lo largo de los años. A pesar de la distancia de su familia y los desafíos de estar aislado, Li se mantuvo comprometido a cumplir su palabra. Su dedicación a la casa y la promesa que le hizo a Lin se convirtieron en una parte central de su vida, dando forma a sus decisiones y rutinas diarias. La casa, ubicada en lo profundo de las montañas, se convirtió en un lugar de soledad para Li. Estaba muy alejada de las bulliciosas ciudades donde había trabajado anteriormente, pero le ofrecía un sentido de propósito. A lo largo de los años, la casa recibió visitas regulares de Lin, que regresaba periódicamente para verificar su condición.
Estas visitas fueron breves, a menudo duraron solo unas pocas horas, pero reforzaron el vínculo entre ellos y recordaron a Li la importancia de cumplir su promesa. La historia de Li ganó atención localmente, aunque no se publicó ampliamente hasta los últimos meses. Los vecinos y los funcionarios locales comenzaron a reconocer la importancia de sus acciones, particularmente las largas distancias que tomó para mantener la casa y mantener su compromiso. Su decisión de regresar a su ciudad natal y volver a registrar su folleto hukou marcó un punto de inflexión en su vida, marcando el comienzo de su reconexión con su familia. Los miembros de la familia, al enterarse del regreso de Li, expresaron sorpresa y alivio.
Durante mucho tiempo creyeron que Li los había abandonado, sin darse cuenta de sus continuos esfuerzos por cumplir sus promesas. La reunión fue emotiva, llena de momentos de reflexión y reconciliación. Si bien el pasado no se podía deshacer, el acto de regresar y reconectarse trajo una sensación de cierre al viaje de Li. A medida que Li regresa a su ciudad natal, se enfrenta al desafío de reconstruir las relaciones y adaptarse a una nueva normalidad. Su historia sirve como un testimonio del poder de las promesas y el impacto de las elecciones individuales en la vida personal y familiar.
Lo que le espera a Li sigue siendo incierto, pero una cosa está clara, ha elegido abrazar el presente y honrar los compromisos que hizo en el pasado.
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