Nepal y China informaron que el número de muertos por un deslizamiento de tierra catastrófico provocado por el colapso de un glaciar en el Himalaya ha alcanzado casi 800, con más de 3.000 personas aún desaparecidas. El desastre, que ocurrió el 26 de agosto de 2026, ha abrumado a los equipos de rescate que operan en una de las regiones más remotas y traicioneras del mundo. El 30 de agosto, las autoridades de Nepal anunciaron que 781 personas habían muerto, y 2,502 permanecían desaparecidas. Los medios estatales chinos confirmaron 16 muertes en el Tíbet y 546 personas desaparecidas, con lo que el total combinado asciende a 797 muertes y 3,048 personas desaparecidas.
Las operaciones de rescate continúan en condiciones extremas, obstaculizadas por fuertes lluvias, el aumento de los niveles de los ríos y el riesgo de nuevas inundaciones. El desastre se desarrolló cuando un glaciar masivo en la ladera sur de Lirung Peak en Nepal se fracturó, desatando una destructiva avalancha de rocas de hielo que cayó en cascada en la región fronteriza con el Tíbet. Este evento desencadenó una serie de inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra que devastaron comunidades tanto en Nepal como en China. La escala de destrucción ha dejado a miles de personas desplazadas y luchando por las necesidades básicas.
Según la Cruz Roja, es probable que más de 90.000 personas se hayan visto afectadas por el desastre, que se ha relacionado con los efectos a largo plazo del cambio climático. Las autoridades chinas han enfatizado el papel de los factores ambientales en la exacerbación de la crisis, señalando que el calentamiento de las temperaturas ha contribuido a la inestabilidad glacial en la región. Las operaciones de rescate se han enfrentado a numerosos desafíos, incluidos el terreno difícil, el clima impredecible y la formación de peligrosos lagos que amenazan las áreas aguas abajo.
El 29 de agosto, un gran lago creado por el desastre se desbordó en los ríos Lhende Khola y Trishuli de Nepal, lo que provocó evacuaciones y paradas temporales para las misiones de búsqueda y rescate.
Las autoridades en el distrito de Chitwan, que no fue directamente afectado por el desastre, han comenzado a enterrar a cientos de cadáveres no identificados arrastrados río abajo por las aguas de la inundación. Los oficiales de policía describen la triste realidad: muchos cuerpos muestran poco o ningún rasgo facial, con extremidades o restos parciales como las únicas partes identificables. A pesar de estos esfuerzos, los familiares continúan buscando hospitales, morgues y centros de socorro para sus seres queridos, a menudo encontrando solo fragmentos de lo que alguna vez fueron vidas enteras. China ha confirmado que 261 de las personas desaparecidas son extranjeras, incluidas 104 de Nepal, 49 de India, 33 de Letonia y 18 de los Estados Unidos.
Los funcionarios chinos han informado a las embajadas y consulados de estos países, asegurando que las familias puedan ser contactadas. Mientras tanto, los equipos de bomberos y rescate chinos han estado realizando búsquedas extensas en las áreas afectadas, particularmente alrededor del puerto de Gyirong, donde el deslizamiento de tierra destruyó infraestructura crítica.
La cooperación internacional ha jugado un papel crucial en la respuesta, con expertos indios y chinos ayudando en el acceso al túnel y las operaciones de búsqueda. China también ha enviado suministros de socorro, incluidas tiendas de campaña, mantas y kits médicos, para apoyar a las poblaciones afectadas. A medida que continúa el esfuerzo de recuperación, la gran discrepancia entre el número de muertos y el número de desaparecidos subraya las inmensas dificultades que enfrentan los rescatistas. Los expertos advierten que la verdadera magnitud de la tragedia puede no ser completamente conocida durante semanas, ya que muchas víctimas permanecen enterradas bajo capas de escombros y aguas de inundación.
El desastre sirve como un claro recordatorio de los crecientes riesgos que plantean los desastres relacionados con el clima en las frágiles regiones montañosas.
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