El artículo analiza cómo la administración Trump ha redefinido a los cárteles de la droga como "narcoterroristas", transformando así la aplicación de la ley de drogas en una forma de guerra. Este enfoque implica etiquetar a los grupos criminales como grupos armados no estatales o combatientes ilegales, lo que permite a los militares estadounidenses participar en ataques dirigidos y eludir ciertas protecciones legales. El artículo destaca la escalada de esta estrategia a través de acciones como una directiva secreta que autoriza ataques militares contra presuntos traficantes de drogas, clasificando el fentanilo como un arma de destrucción masiva y agregando pandillas brasileñas como el Comando Rojo y el Primer Comando Capital (PCC) a la lista negra del terrorismo. Si bien estas medidas tienen como objetivo mejorar los esfuerzos de control de drogas, la efectividad de este enfoque sigue siendo cuestionable.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca las políticas de la administración Trump como una militarización de la aplicación de la ley de drogas, utilizando términos como "narco-terroristas" y enfatizando la expansión de la autoridad militar.






