Un ataque aéreo militar dirigido a un monasterio en el centro de Myanmar ha matado al menos a 14 civiles, según dos testigos que visitaron el sitio después del ataque. m. hora local cerca de la ciudad de Myaung, en el corazón del país. Las víctimas fueron personas mayores que participaban en un retiro de meditación, con edades comprendidas entre 50 y 70 años. Un testigo, Nway Oo Myaung, un rebelde pro-democracia que ayudó a evacuar los cuerpos, declaró que el ataque fue intencional y no un caso de identidad errónea. Describió cómo el avión militar regresó para un segundo bombardeo mientras los rescatistas intentaban ayudar a los heridos.
El incidente se suma a un sombrío recuento de víctimas civiles en Myanmar desde el comienzo de su guerra civil, que comenzó en 2021 después de un golpe militar que derrocó al gobierno electo liderado por Aung San Suu Kyi. Según cifras citadas por la agencia de noticias francesa AFP, más de 100,000 personas han sido asesinadas en todas las facciones desde que estalló el conflicto.
Nway Oo Myaung, hablando el sábado, confirmó el número de muertos y señaló que cinco de las víctimas eran de su aldea, mientras que las nueve restantes provenían de áreas vecinas. Relató cómo los atacantes regresaron para una segunda ronda de bombardeos a pesar de los esfuerzos por proporcionar ayuda. Los rebeldes locales, que operan bajo el radar debido a los riesgos de seguridad en curso, se han convertido en fuentes clave de información sobre tales incidentes, a menudo incapaces de llegar a los canales oficiales para hacer comentarios. Hasta ahora, no ha habido respuesta de las autoridades militares birmanas con respecto al ataque.
El ataque se produce en medio de las tensiones en la región, con el ejército continuando su campaña contra los grupos de oposición y las comunidades civiles. El conflicto ha provocado la condena internacional, sobre todo por las acusaciones de violencia sistemática contra civiles desarmados. Las organizaciones de derechos humanos han pedido en repetidas ocasiones investigaciones sobre estos incidentes, citando evidencia de ataque deliberado y uso desproporcionado de la fuerza. A pesar de estos llamados, el acceso a las regiones afectadas sigue siendo restringido, lo que limita la verificación independiente de las reclamaciones.
La situación refleja patrones más amplios de escalada en el conflicto interno de Myanmar, donde ambas partes han recurrido cada vez más a tácticas que ponen en peligro la vida de los civiles. El reciente ataque aéreo subraya el riesgo persistente que enfrentan los sitios religiosos y culturales, que a veces se utilizan como bases para actividades humanitarias o refugio para poblaciones vulnerables. En este caso, el monasterio sirvió como refugio temporal para adultos mayores que buscan consuelo espiritual, destacando la intersección de la religión, la vida comunitaria y las realidades brutales del conflicto armado.
La falta de transparencia en torno a las operaciones militares complica los esfuerzos para evaluar la escala total de la crisis. Sin embargo, el último incidente refuerza las preocupaciones sobre el impacto humanitario del conflicto en curso y la necesidad urgente de mecanismos de rendición de cuentas para abordar las presuntas violaciones del derecho internacional.
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