El terremoto de magnitud 4 en la escala de Richter golpeó el centro de Colombia el lunes, causando destrucción generalizada y pérdidas de vidas. Los temblores se sintieron en múltiples regiones, con Pereira, la capital del departamento de Risaralda, emergiendo como una de las áreas más afectadas. Al menos 181 personas han sido confirmadas muertas, según informes oficiales, con más de 1,300 heridos y miles aún desaparecidos mientras los equipos de rescate trabajan incansablemente durante la noche. El desastre ha llevado al gobierno colombiano a declarar una emergencia nacional, lo que permite el despliegue rápido de recursos a las zonas más afectadas.
El terremoto, que se produjo durante las horas de la mañana, se centró cerca de San José del Palmar en el departamento de Chocó, aunque sus efectos se sintieron mucho más allá de esta región. Ciudades como Pereira, Armenia y Manizales, ciudades clave en el llamado Cinturón del Café, informaron daños extensos a edificios e infraestructura. Los sistemas de comunicación en todas estas áreas se vieron gravemente interrumpidos, complicando los esfuerzos para evaluar el alcance total de la crisis.
Las autoridades locales de Pereira informaron inicialmente de al menos 18 muertes, incluidas tres fatalidades en el aeropuerto internacional de Matecaña. Actualizaciones posteriores elevaron el número de muertos a 22, con víctimas adicionales reportadas en ciudades cercanas como Manizales y Buenaventura. El alcalde de la ciudad, Mauricio Salazar Peláez, describió la situación como "crítica", señalando que docenas de personas permanecieron atrapadas bajo los escombros.
El propio aeropuerto sufrió daños significativos, con partes de su techo colapsando y forzando la suspensión de vuelos. La Autoridad de Aviación Civil de Colombia anunció que las operaciones en varios aeropuertos importantes, incluidos los de Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura, se detuvieron temporalmente debido a preocupaciones estructurales. Estas medidas subrayan el amplio impacto del desastre, que afectó tanto a los centros urbanos como a las redes de transporte regionales. El presidente Abelardo de la Espriella, que asumió el cargo pocos días antes del terremoto, se ha comprometido a visitar personalmente Pereira para apoyar a las víctimas y supervisar la respuesta del gobierno.
Su administración ha solicitado informes detallados de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos (Ungrd), enfatizando la necesidad de una acción inmediata. A pesar de la devastación, los funcionarios han descartado la posibilidad de un tsunami a lo largo de la costa del Pacífico de Colombia, ofreciendo cierta tranquilidad a las comunidades costeras.
Un momento emotivo se produjo cuando un bebé y un adulto fueron rescatados con éxito de las ruinas, su supervivencia fue capturada en video y compartida ampliamente. Las instalaciones médicas en Cali, incluido el Hospital de la Universidad de Valle, sufrieron graves daños, especialmente en las unidades de cuidados intensivos. La Organización Mundial de la Salud señaló que varios hospitales tuvieron que evacuar a los pacientes, y algunos recibieron tratamiento en las aceras debido a la falta de espacio. La escala del desastre ha traído recuerdos dolorosos del terremoto de 1999, que se cobró casi 1.200 vidas en la misma región.
Con cientos de personas desaparecidas y numerosos edificios en ruinas, el camino hacia la recuperación será largo y difícil. El gobierno y las organizaciones locales continúan coordinando los esfuerzos de socorro, asegurando que los necesitados reciban alimentos, refugio y atención médica.
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