Una mujer ucraniana sospechosa de estar involucrada en un ataque con paquete bomba en Mónaco ha sido encontrada muerta cerca de Kiev. La sospechosa, identificada como Anastasia Beresowska, fue descubierta con múltiples heridas de bala en la cabeza. Según informes de la policía ucraniana, el cuerpo fue localizado el martes, marcando la conclusión de una investigación de alto perfil sobre el incidente que ocurrió a principios de este año. Beresowska había sido colocada en la lista de buscados de Interpol después del ataque en el que un empresario nacido en Ucrania, su pareja y su hijo de 13 años resultaron gravemente heridos.
El ataque tuvo lugar el 29 de junio cuando un paquete con explosivos fue entregado a la casa de Wadym Yermolayev, un empresario ucraniano con sede en Mónaco. La explosión causó lesiones significativas a él, su pareja y su hijo. Beresowska, que anteriormente había vivido en Hesse, Alemania, se convirtió en el principal sospechoso en el caso debido a su presunta conexión con el ataque. Las autoridades ucranianas han declarado que regresó a Ucrania el 1 de julio, donde mantuvo contacto con dos individuos más tarde identificados como sospechosos de su asesinato.
Según la policía, estos dos hombres, identificados como un ex miembro de los servicios de seguridad y un empleado de la agencia de inteligencia militar ucraniana HUR, habían realizado varias transacciones financieras que involucraban criptomonedas y cuentas bancarias vinculadas a Beresowska. Estas transferencias sugieren una posible participación en el ataque de Mónaco. Durante el interrogatorio, el oficial de HUR supuestamente confesó haber matado a Beresowska junto con un co-conspirador, alegando que actuó de forma independiente. Una búsqueda en la residencia del segundo sospechoso descubrió un sótano que se asemejaba a una cámara de tortura.
Además de los acontecimientos que rodean la muerte de Beresowska, el ejército ucraniano anunció nuevos ataques contra la infraestructura rusa. En la noche del martes, las fuerzas de drones ucranianas atacaron a ocho petroleros pertenecientes a la llamada flota en la sombra de Rusia en el Mar de Azov, junto con un carguero y un ferry. Estos buques, que transportaban combustible destinado a Crimea, estaban bajo sanciones internacionales. Los ataques tienen como objetivo interrumpir la cadena de suministro de combustible y municiones de Rusia, crucial para apoyar sus operaciones militares en la Península de Crimea. Esto sigue a ataques similares el lunes, cuando dos barcos más de la flota en la sombra fueron atacados en la región.
El ejército ucraniano enfatizó que tales acciones obstaculizan la capacidad de Rusia para mantener las necesidades logísticas de sus tropas, particularmente en Crimea. En otro desarrollo, las fuerzas ucranianas atacaron dos fábricas en la región rusa de Bryansk el martes por la noche. Una instalación produce microelectrónica para el ejército ruso, mientras que la otra es una planta química. Los funcionarios rusos respondieron a estos ataques con declaraciones sobre el número de aviones no tripulados destruidos sobre su territorio. El gobernador de Bryansk, Jegor Kovalchuk, informó que 103 aviones no tripulados ucranianos habían sido derribados sobre la región.
Mientras tanto, el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, señaló que más de 400 drones ucranianos habían sido dirigidos hacia Moscú y sus alrededores, aunque la mayoría habían sido neutralizados antes de alcanzar sus objetivos. El descubrimiento del cuerpo de Beresowska y los arrestos posteriores destacan la compleja red de conexiones entre individuos dentro de Ucrania y posibles vínculos con el terrorismo internacional.
La situación subraya las tensiones y desafíos actuales que enfrentan tanto las autoridades ucranianas como las rusas en el manejo de incidentes transfronterizos y enfrentamientos militares. A medida que continúen las investigaciones, es probable que el enfoque cambie a comprender el alcance total de las actividades de Beresowska y si hay individuos o grupos adicionales conectados con el ataque. Las implicaciones más amplias de los ataques contra la infraestructura rusa también permanecen bajo escrutinio, ya que reflejan la naturaleza en evolución de la guerra moderna y la creciente dependencia de tácticas asimétricas.
Con ambas partes continuando a intensificar sus esfuerzos militares, la región se enfrenta a un futuro incierto marcado por un conflicto intensificado y maniobras estratégicas.
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