La misión BepiColombo de la Agencia Espacial Europea ha entrado en su fase final antes de su inserción orbital planeada alrededor de Mercurio, el planeta más cercano al Sol. El jueves, la nave espacial se separó de su módulo de propulsión, marcando un paso crítico hacia el logro de su objetivo de entrar en órbita alrededor del planeta más pequeño y más caliente del sistema solar. La separación ocurrió poco después de las 14:00 hora de verano de Europa Central, después de casi ocho años de viaje y más de nueve mil millones de kilómetros a través del sistema solar interior. La misión, un esfuerzo conjunto entre Europa y Japón, tiene como objetivo estudiar el campo magnético de Mercurio, la composición de la superficie y la estructura interna con un detalle sin precedentes.
La sonda BepiColombo consta de dos orbitadores separados: el Mercury Planetary Orbiter (MPO) desarrollado por la Agencia Espacial Europea y el Mercury Magnetospheric Orbiter (Mio) construido por la agencia espacial japonesa, JAXA. Estos dos componentes se lanzaron juntos a bordo de un solo cohete, pero operarán de forma independiente una vez que alcancen sus respectivas órbitas alrededor de Mercurio. El módulo de propulsión, conocido como el Módulo de Transferencia de Mercurio (MTM), que había sido responsable de transportar la nave a través del sistema solar utilizando propulsores iónicos, se desprendió el jueves. Se había cerrado a principios de este verano y permanecerá en el espacio como escombros.
Mercurio presenta desafíos únicos debido a su proximidad al Sol, lo que dificulta lograr una órbita estable. Para ralentizar lo suficiente para entrar en órbita, la nave espacial realizó múltiples maniobras de asistencia por gravedad, volando más allá de la Tierra, Venus y el propio Mercurio varias veces desde su lanzamiento en 2018. Esta trayectoria compleja requirió una planificación y ejecución cuidadosas para garantizar que la sonda pudiera desacelerar lo suficiente contra la atracción gravitatoria del Sol. Según el gerente de la misión de la ESA, Santa Martínez, llegar a Mercurio es "muy difícil" y solo dos misiones anteriores han estudiado el planeta en profundidad.
En los próximos meses se llevarán a cabo una serie de maniobras complejas para posicionar ambos orbitadores en sus trayectorias designadas. A partir de finales de noviembre, los propulsores químicos dispararán un total de 16 maniobras de frenado para ajustar la velocidad de la nave espacial. En diciembre, Mio se separará de MPO, y el orbitador europeo alcanzará su órbita final alrededor de Mercurio en marzo de 2027. El ingeniero de la ESA Ignacio Tanco describió la misión como de alto riesgo, señalando que muchos aspectos podrían no proceder exactamente según lo planeado. Sin embargo, enfatizó que el equipo está bien preparado para posibles complicaciones. La gestión térmica plantea uno de los mayores desafíos técnicos para la misión.
Las variaciones extremas de temperatura en Mercurio, que van desde 450 grados centígrados durante el día hasta -180 grados centígrados por la noche, requieren sistemas avanzados de aislamiento térmico. Componentes como el sistema de control de actitud para propulsores eléctricos y la electrónica que administra los paneles solares fueron desarrollados por Beyond Gravity Austria con sede en Viena. La alineación adecuada de los paneles solares es crucial para garantizar que los instrumentos científicos reciban suficiente energía y evitar el sobrecalentamiento causado por la exposición directa a la luz solar. Los instrumentos científicos a bordo de ambas órbitas incluyen magnetómetros diseñados para medir el campo magnético de Mercurio.
El Instituto para la Investigación Espacial (IWF) de la Academia de Ciencias de Austria, con sede en Graz, jugó un papel destacado en el desarrollo de estos sensores. Los datos recopilados por BepiColombo proporcionarán nuevos conocimientos sobre la historia geológica, las propiedades magnéticas y las interacciones de Mercurio con el viento solar. Los científicos esperan descubrir cómo se formó y evolucionó el planeta bajo condiciones solares intensas, ofreciendo pistas sobre los procesos de formación planetaria en todo el sistema solar. A medida que la nave espacial continúa su acercamiento a Mercurio, los ingenieros y científicos están monitoreando todos los sistemas de cerca.
El éxito de las próximas maniobras determinará si la misión puede lograr su objetivo principal de establecer una órbita estable. Con la separación del módulo de propulsión completa, el enfoque cambia para garantizar que los dos orbitadores realicen sus respectivas funciones de manera efectiva una vez que lleguen a su destino objetivo.
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