Un número creciente de profesionales se encuentran en un limbo profesional peculiar, a menudo no desencadenado por la pérdida de su trabajo, crisis dramáticas o conflictos con sus superiores. Este es el umbral de la incertidumbre profesional, un espacio donde las carreras pasadas se sienten demasiado pequeñas y los caminos futuros permanecen páginas en blanco. En este territorio ambiguo, las personas poseen títulos, profesiones, reputaciones, experiencia y, a menudo, currículums sólidos. Sin embargo, estas credenciales describen cada vez más quiénes eran en lugar de quiénes podrían llegar a ser. La sensación de desorientación crece a medida que los modelos de carrera tradicionales, una vez lineales y predecibles, se vuelven menos estructurados y más fragmentados.
Los viajes profesionales de hoy se asemejan a caminos sinuosos con bifurcaciones frecuentes en el camino, en lugar de autopistas bien señalizadas. La respuesta inicial a una crisis de este tipo generalmente implica la búsqueda de respuestas definitivas. La gente se pregunta: ¿Qué debo hacer? ¿En qué soy realmente hábil? ¿Cuál es mi pasión? ¿Dónde me veo en diez años? recurren a evaluaciones, entrenadores, libros, conversaciones, fines de semana reflexivos e incluso una abundancia de charlas TED. Si bien todos pueden ofrecer orientación, hay un escollo común: creer que uno debe descubrir su próxima identidad profesional antes de comenzar a vivirla. La profesora Herminia Ibarra de la London Business School ha desafiado durante mucho tiempo esta noción.
A menudo, el proceso funciona al revés: la acción precede al descubrimiento. A través de la experimentación, los individuos descubren gradualmente nuevas identidades. Nadie resuelve una crisis de carrera meditando en una silla. La obsesión por encontrar una respuesta definitiva conduce a la parálisis del análisis. Uno explora mentalmente veinte escenarios posibles, descartándolos todos antes de intentar uno. Mientras tanto, el individuo continúa sentado frente a una computadora, cuestionando la vida. Ibarra introdujo el concepto de "yo provisional", o identidades profesionales provisionales.
En un estudio publicado en Administrative Science Quarterly, observó que las personas que adoptaban nuevos roles profesionales experimentaban con diferentes versiones de sí mismos. Observaban modelos a seguir, testaban comportamientos y evaluaban lo que se sentía auténtico. Por lo tanto, la nueva identidad no surgió a través de la revelación, sino que se construyó a través del ensayo y el error. Esto explica por qué, ante el limbo profesional, es preferible hablar de micro-experimentos en lugar de decisiones importantes. Aquellos que consideran un cambio no necesitan renunciar inmediatamente. En su lugar, podrían participar en un proyecto relacionado con su interés.
Si otra industria les atrae, podrían hablar con al menos cinco personas que ya trabajan en ese campo. Si se despierta la curiosidad, incluso si su aplicación no es clara, tomar un curso corto podría ayudar. Y si uno imagina enseñar, iniciar un negocio, asesorar o escribir, probar estas ideas a una escala más pequeña es ideal. El objetivo de un microexperimento no es lograr la perfección, sino obtener una visión. Andrés Hatum, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y colaborador regular de La Nación, señaló que llegar a los 50 o 60 años no marca necesariamente el final de un viaje profesional.
Muchos profesionales comienzan a cuestionarse cómo continuar sus carreras en un mercado que a menudo iguala la edad con la jubilación. Sin embargo, reinventarse después de la mediana edad no significa abandonar la experiencia acumulada, significa encontrar nuevas formas de aprovecharla. Hatum enfatizó que el modelo tradicional de carrera, estudio, trabajo, jubilación, está desactualizado. Las carreras modernas se componen de múltiples etapas, y llegar a los 50 no indica el final de un camino profesional. Para poner esto en práctica, esbozó tres pasos que también enseña a sus estudiantes y discute en su libro Carreras extraordinarias para gente común. Primero, recomendó desacoplar la identidad personal de la última posición ocupada.
En lugar de presentarse únicamente como gerente, director o ejecutivo, uno debe reconocer las habilidades adquiridas a lo largo de una carrera. "Usted es un paquete de capacidades portátiles", declaró. La experiencia en la gestión de crisis, negociación o creación de equipos puede ser especialmente valiosa para pequeñas empresas, empresas empresariales o proyectos independientes que requieren conocimientos ejecutivos sin el compromiso de una contratación a tiempo completo. Algunos trabajadores pasaron de puestos en grandes empresas a roles como consultores independientes, directores de ONG, asesores de startups o mentores para las generaciones más jóvenes. "No descartaron su experiencia, cambiaron el formato de entrega", concluyó.
En segundo lugar, Hatum alentó a buscar lo que llamó "polinización cruzada", construyendo relaciones profesionales entre generaciones y formando equipos intergeneracionales. Advirtió contra colocar a los profesionales mayores en posiciones donde asumen que ya lo saben todo. En cambio, aconsejó acercarse a los jóvenes, escuchar sus perspectivas y combinar fortalezas. "La combinación de la energía y el conocimiento tecnológico de alguien menor de 30 años con el pensamiento crítico y la calma de alguien mayor de 50 años es inmejorable", escribió. Finalmente, Hatum instó a ir más allá de la reflexión interminable y comenzar a probar alternativas.
"La reinvención no se produce durante un retiro espiritual, sino a través de la acción", afirmó.Entre las primeras experiencias que sugirió se encontraban la inscripción en un programa ejecutivo sobre tecnologías emergentes, la oferta de tutoría en una incubadora o la realización de una consultoría para evaluar cómo se podría implementar algo.
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