El artículo analiza la sentencia de la Corte Suprema de 2026 sobre el trabajo sexual, destacando tanto sus aspectos progresistas como sus deficiencias críticas. Si bien la sentencia reconoce los argumentos desarrollados por las trabajadoras sexuales e incorpora principios constitucionales como el Artículo 142, no reconoce a las trabajadoras ni a sus organizaciones como la Red Nacional de Trabajadores Sexuales. Esta supervisión refleja un problema más amplio en el que las voces marginadas están subrepresentadas en el discurso legal. El artículo enfatiza que persisten problemas sistémicos como la discriminación de castas y los fracasos burocráticos, que afectan las experiencias vividas de las trabajadoras sexuales, especialmente las de las comunidades dalita y adivasi. A pesar de reconocer la casta como una condición estructural que influye en el trabajo sexual, la sentencia no aborda cómo la casta continúa configurando las interacciones con las instituciones estatales.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca la sentencia de la Corte Suprema como un paso progresivo hacia el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras sexuales, al tiempo que critica a la corte por no reconocer las contribuciones y luchas de las trabajadoras sexuales.





