Un dispositivo explosivo improvisado (IED) arrancó las piernas del ex soldado Gurkha Hari Budha Magar durante una misión en Afganistán, sin embargo, su espíritu indomable lo llevó a lograr una hazaña notable, conquistando el Monte Everest. El incidente ocurrió en 2010, cuando Magar, sirviendo con el ejército británico, pisó un IED en la provincia de Helmand, perdiendo ambas piernas por encima de la rodilla. A pesar de la lesión grave, Magar sobrevivió y regresó al Reino Unido, aunque las cicatrices psicológicas del ataque resultaron tan desafiantes como las físicas. El viaje de Magar comenzó en una pequeña aldea nepalí, donde nació el 30 de julio de 1979. Su llegada estuvo marcada por dificultades, y sus padres temieron por su supervivencia.
Sin embargo, una anciana que asistió a su parto predijo que se convertiría en un escalador, sintiendo su fuerza interior. " El término, que significa Everest en nepalí, encendió una pasión dentro de él, provocando un sueño de por vida de alcanzar la cumbre. Determinado a perseguir sus aspiraciones, Magar se unió al Ejército británico en diciembre de 1998, completando con éxito el riguroso proceso de selección de Gurkha. Durante su servicio, que duró más de una década, se comprometió a proteger a sus compañeros soldados, prometiendo luchar hasta su último aliento si era necesario.
Su determinación fue puesta a prueba el 17 de abril de 2010, cuando fue atrapado en una explosión de un artefacto explosivo improvisado mientras trabajaba en una tarea no de combate en el distrito de Nahr-e-Seraj de Helmand. La explosión le cortó ambas piernas, dejándolo en estado crítico. Después de ser rescatado por un helicóptero estadounidense 18 minutos después de la explosión, Magar se enfrentó a un largo período de recuperación en el Reino Unido. La rehabilitación física fue ardua, con meses en hospitales y terapia extensa. Sin embargo, el costo emocional del trastorno de estrés postraumático (TEPT) fue igualmente profundo. Magar describió despertar en sudores fríos, atormentado por el recuerdo de la explosión.
Luchando con sentimientos de aislamiento y desesperación, recurrió al alcohol para encontrar consuelo, experimentando una profunda sensación de pérdida y desconexión de su vida anterior. Fue un encuentro casual con el programa de Battle Back del ejército en 2012 lo que reavivó el entusiasmo de Magar por la vida. Participar en una sesión de paracaidismo, encontró un renovado sentido de propósito, dándose cuenta de que incluso con la mitad de su cuerpo perdido, todavía tenía la capacidad de superar los límites. Esta experiencia sentó las bases para su último desafío, escalar el Everest.
A pesar de la ausencia de sus piernas, demostró una determinación extraordinaria, demostrando que el espíritu humano puede superar obstáculos aparentemente insuperables. Su ascenso exitoso al pico más alto del mundo es un poderoso testimonio de su coraje y perseverancia, inspirando a otros que enfrentan adversidades.
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