La introducción de dos nuevos tratamientos para la enfermedad de Alzheimer, Lecanemab y Donanemab, ha marcado un cambio significativo en el enfoque para controlar esta enfermedad neurodegenerativa.Estas terapias, desarrolladas por Eisai/Biogen y Lilly, respectivamente, fueron aprobadas para su uso en la Unión Europea en 2025.
Michaela Defrancesco, vicepresidenta de la Sociedad Austriaca de Alzheimer y especialista en demencia, señaló que estos nuevos medicamentos son "un paso hacia una nueva era" en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, enfatizó que no son un avance completo a nivel clínico. Los tratamientos solo son adecuados para un pequeño subconjunto de pacientes que son diagnosticados en las primeras etapas de la enfermedad. A pesar de estas limitaciones, Defrancesco expresó optimismo sobre su potencial para catalizar más investigaciones sobre afecciones relacionadas con la demencia.
Tanto Lecanemab como Donanemab actúan al atacar las placas beta amiloide, que son características distintivas de la patología de Alzheimer. En ensayos clínicos que duraron 18 meses, estos fármacos mostraron cierto éxito en ralentizar la progresión de la enfermedad. Los pacientes tratados con ellos experimentaron retrasos en el empeoramiento de los síntomas en comparación con aquellos que no recibieron la terapia. Sin embargo, la Colaboración Cochrane, una respetada organización internacional que evalúa la evidencia médica, concluyó en un estudio que ninguno de los anticuerpos antiamiloides existentes había demostrado un efecto clínicamente significativo. Esta conclusión incluía sustancias que no habían logrado obtener la aprobación del Dr.
Sascha Alexander Dichter, director médico senior de neurociencia en Lilly Alemania, desafió esta evaluación. Señaló que el análisis Cochrane combinó datos de todas las sustancias, incluidas aquellas que no habían eliminado efectivamente las placas amiloides y, por lo tanto, no lograron obtener la aprobación reguladora. Según Dichter, la efectividad de los medicamentos aprobados fue evidente en los resultados observados entre los participantes cuyos niveles de amiloide disminuyeron significativamente.
Por ejemplo, Donanemab redujo casi a la mitad el riesgo de deterioro en demencia grave en 18 meses. Este retraso es crucial porque ayuda a mantener la independencia de los pacientes durante períodos más largos.
Además, hay evidencia emergente de que el retraso en la progresión de la enfermedad continúa alargándose con el tiempo tanto para Lecanemab como para Donanemab. Si bien las comparaciones directas con grupos de placebo ya no son posibles debido al diseño de los ensayos, los grupos de control externos sugieren que los beneficios podrían ser más sustanciales de lo que se pensaba inicialmente. A pesar de estos avances, Dichter reconoció que los tratamientos solo pueden retrasar la enfermedad en lugar de detenerla por completo. Explicó que los cerebros envejecidos enfrentan múltiples desafíos más allá de la acumulación de amiloide, incluidos otros depósitos de proteínas dañinas y procesos inflamatorios.
No obstante, subrayó que estas nuevas terapias representan el primer gran progreso en décadas de investigación sobre la enfermedad de Alzheimer.Al abordar una de las causas fundamentales de la enfermedad y tratarla con éxito, estos medicamentos ofrecen esperanzas para futuros desarrollos en el campo.
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