Durante su juicio, Koka declaró que su hija requería "intervención terapéutica" y que su condición empeoró mientras estaba encarcelado. Había sido condenado en 2001 por su participación en una pandilla de lavado de dinero y cumplió una sentencia de 21 meses. Después de ser liberado, fue arrestado nuevamente por otros negocios de drogas y pasó tres años en prisión. Después de una apelación, se le otorgó permiso para permanecer en el Reino Unido. Un tribunal dictaminó que deportarlo sería demasiado duro para su hija, aunque se espera que el Ministerio del Interior impugne esta decisión en una nueva audiencia.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca el caso como una controvertida decisión legal en la que las circunstancias personales de un criminal (la salud de su hijo) influyeron en un fallo de deportación.


