Bahzad al Akhras, un académico palestino que actualmente estudia para su doctorado en el Reino Unido, reflexiona sobre el impacto psicológico y emocional de perder su casa en Gaza después de la operación militar israelí que devastó gran parte del territorio. Su artículo, publicado por el Middle East Eye, explora cómo el concepto de "hogar" se ha transformado de un lugar tangible en algo intangible, algo que ya no se puede recuperar. Al Akhras recuerda una reunión de rutina en línea con supervisores académicos durante el verano, donde uno de ellos compartió reflexiones personales sobre el regreso a casa después de una visita a su tierra natal.
Ella describió la comodidad de la familia, la familiaridad del entorno y el tranquilo sentido de pertenencia que viene con el regreso a las raíces. Sus palabras, "El privilegio del hogar", le dejaron una impresión duradera, lo que provocó una introspección sobre la naturaleza del hogar en sí mismo. Hasta hace poco, había visto el hogar como algo ordinario, algo que todos poseían. Pero después de salir de Gaza hace casi un año, esas palabras adquirieron un nuevo significado, lo que lo obligó a lidiar con preguntas profundas: ¿Qué define el hogar? ¿Puede ser destruido no solo físicamente, sino también psicológicamente?
Su perspectiva cambió dramáticamente al llegar al Reino Unido en 2019 para obtener una maestría. Al igual que muchos estudiantes internacionales, sintió nostalgia, extrañando los sonidos de Gaza, el ritmo de la vida diaria y la presencia de la familia. Sin embargo, a pesar de estos sentimientos, mantuvo una sensación de certeza: Gaza permaneció intacta, y también su conexión con ella. Creía que una vez completados sus estudios, regresaría. Esta creencia dio forma a sus experiencias en el extranjero, lo que le permitió adaptarse a un nuevo entorno mientras mantenía un claro sentido de dónde pertenecía. Esa certeza se rompió en febrero de 2024, cuando la casa de su familia fue destruida durante la campaña militar de Israel.
La pérdida no fue meramente de propiedad, fue la eliminación de un lugar que encarnaba su infancia, la historia de su familia y su identidad personal. El hogar dejó de ser un destino al que podía regresar; en cambio, se convirtió en un recuerdo, un fragmento de un pasado que nunca podría ser completamente restaurado. Al regresar al Reino Unido como estudiante de doctorado después de ser evacuado de Gaza, Al Akhras se encontró en una situación inquietantemente similar a su llegada inicial. El viaje físico reflejaba el de cinco años antes, pero la experiencia psicológica era muy diferente. Una vez que había estado temporalmente lejos de casa, ahora se enfrentaba a una separación permanente.
Incluso si algún día regresa a Gaza, se pregunta: ¿a qué volverá? Esta pregunta lo persigue a lo largo de su trabajo académico, eclipsando el optimismo habitual asociado con la casi finalización de un doctorado. Para muchos estudiantes, la graduación representa una transición esperanzadora, un paso hacia un futuro más claro. Para Al Akhras, sin embargo, la perspectiva se siente incierta. A medida que se acerca al final de sus estudios, la pregunta de dónde pertenece se vuelve cada vez más urgente. La suposición de que la vida continúa en un lugar familiar, un hogar, calles conocidas, una comunidad que te reconoce, ya no es válida para él. La idea de regresar a un lugar que una vez se sintió como el hogar ahora parece imposible.
En un mundo donde el regreso a casa es a menudo enmarcado como un simple acto de nostalgia o continuidad cultural, la experiencia de Al Akhras destaca la complejidad del desplazamiento. Su historia subraya el costo emocional de perder no solo un espacio físico, sino un sentido de sí mismo. A medida que navega por su camino académico, la ausencia de un hogar estable continúa dando forma a su viaje, desafiando la noción misma de pertenecer.
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