El artículo informa sobre el tema en curso del crimen organizado que opera dentro de las prisiones en Barranquilla, Colombia, donde los reclusos, incluidos miembros de pandillas como Los Costeños, participan en actividades ilegales como el uso de teléfonos celulares, tocar música y consumir alcohol a pesar de estar bajo vigilancia por el Instituto Penitenciario y Correccional Nacional (Inpec). Estas actividades han llevado a disturbios y disturbios, lo que provocó la acción del presidente Abelardo De La Espriella, quien ha ordenado la transferencia de criminales peligrosos a instalaciones de alta seguridad en todo el país para frenar sus actividades delictivas. El presidente enfatizó su compromiso de defender el estado de derecho y evitar que los reclusos continúen dirigiendo organizaciones criminales desde las paredes de la prisión. Sin embargo, los reclusos afirman que estas medidas hacen poco para detener las operaciones continuas de las redes criminales, que dicen que aún funcionan a través de sobornos a los guardias de drogas y facilitan el tráfico.
Lectura del sesgo (Conservador): El artículo enmarca las acciones del presidente Abelardo De La Espriella como decisivas y autorizadas, haciendo hincapié en sus esfuerzos por restablecer el orden y defender el estado de derecho.




