El artículo analiza la reunión entre el futbolista colombiano Lucho Díaz y el presidente electo Abelardo de la Espriella, destacando cómo tales interacciones son parte de la estrategia de la Espriella para construir su imagen como un líder carismático conectado con el pueblo. Se señala que este es el tercer jugador en reunirse con él, después de Yerry Mina y Juan Fernando Cuadrado, y menciona el apoyo previo de otras figuras deportivas como Nairo Quintana y Tino Asprilla. La pieza enmarca estas reuniones como parte de una táctica de campaña más amplia utilizando iconos deportivos para reforzar la narrativa de la Espriella de ser 'los nunca' (aquellos que siempre han estado allí). Conecta este enfoque con su experiencia como abogado que representa a personas de alto perfil y enfatiza cómo Díaz, cuyo padre fue secuestrado por el ELN, encaja en su visión de figuras disciplinadas y resilientes. El artículo también toca la alineación de algunos políticos con los atletas, mientras que los partidos no se alinean con una estrategia específica de los deportes, que puede ser exitosa para los atletas.
Lectura del sesgo (Progresista): El artículo enmarca el uso de figuras deportivas, particularmente aquellas con orígenes humildes y vínculos con el conflicto, como parte de la estrategia de de la Espriella para posicionarse como un líder nacionalista con el que se puede relacionar.



