En el vigésimo aniversario de los ataques del 11 de septiembre, el artículo reflexiona sobre el legado de la intervención liderada por Estados Unidos en Afganistán, argumentando que el colapso de la República Afgana no puede atribuirse únicamente a los fracasos culturales inherentes o a los "estereotipos orientalistas" que sugieren que la democracia estaba condenada al fracaso. Destaca el progreso significativo logrado durante los 20 años de la República Afgana, incluido el crecimiento económico, el acceso expandido a la educación para las niñas, el desarrollo de la sociedad civil y las mejoras en la atención médica. Sin embargo, también reconoce graves fallas en la gobernanza, como la excesiva centralización del poder, la corrupción generalizada, el fraude electoral y la creación de un ejército afgano que dependía excesivamente del apoyo de los Estados Unidos. El autor enfatiza que si bien los Estados Unidos no cumplieron sus promesas, el fracaso del experimento democrático de Afganistán no fue inevitable.
Lectura del sesgo (Centro): El artículo presenta una visión equilibrada de los éxitos y fracasos en Afganistán bajo la República Afgana, reconociendo el papel de factores externos como la influencia de los Estados Unidos y los desafíos internos como la corrupción.





